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![]() Ángel L. Matos González. Nació en Aibonito, Puerto Rico, en 1975. Tiene un bachillerato en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Cayey. Ha participado en múltiples lecturas de poesía en el país y fuera de él. Ha ganado gran cantidad de certámenes literarios como el de la Universidad Politécnica de Puerto Rico (San Juan, Puerto Rico), la Universidad de Puerto Rico en Cayey (Cayey, Puerto Rico), Poesía Zurde (Mayagüez, Puerto Rico), entre otros. Organiza noches de poesía mensualmente en el Viejo San Juan, Puerto Rico. Además, ha organizado y participado en noches de poesía en Santo Domingo, República Dominicana, Nueva York y Tampa, Florida, EU. También trabaja su blog El Mundo de las Palabras (http://palabrangel.blogspot.com). Ha publicado en diferentes revistas literarias y periódicos de Puerto Rico como El Nuevo Día y el Vocero y en el exterior como en Proscritos (España), Palavreiros (Brazil), Red y Acción (Nueva York), entre tantas otras. Publicó Del silencio, la ciudad y otras pasiones in(é)ditas (Terranova Editores, 2004) el cual ganó premio del PEN Club de Puerto Rico. El próximo año saldrá publicado su segundo libro titulado Barcos de papel y otros naufragios bajo la editorial Isla Negra.
[sin título]
La gente me habla de ti aunque no conocen la forma de tus pies, la sensación de tu tímido cuello, el temblor de tu vientre, el ángulo de tus senos, el húmedo calor entre tus piernas, el intenso imán de tu sonrisa.
La gente me habla de ti y me pregunto si tu imagen desolada anda tatuada en mi mirada verde y si es que tu nombre anda marcado como carimbo sobre mi piel mezclada o si acaso tu olor sigue en cada centímetro de mí o si mi silencio denuncia tu presencia.
La gente me habla de ti y muchas veces yo también.
Apalabrando
Las palabras se me hacen sal se escapan entre los huesos huelen a cuerpo y suelos y saben a la historia de las historias como la de una ciudad que olvidó el sabor de su muerte o el de un poema que mató un verso y fue tanta la violencia que un recuerdo engendró la noche y volaron mariposas sicodélicas grises alumbrando una luna que pujaba sueños frente a un coro sinfónicos de coquíes que sonaban un blues azul como un mar donde las olas eran los caballos de Atilas que se perdían entre los cueros del Caribe y el sudor de hombres y mujeres se esparcían y pablaban de sales camas entre brumas cuando los cuerpos eran todos iguales y las sombras habitaban un sonrisa cuando gatos negros corrían sobre las estrellas y un lagartijo caminaba la espalda de un poeta cuando no quedaban más gritos subterráneos y llovían poemas cargados por gárgolas a un esquina donde yacía un altar de hojas secas cuando caían relojes sin prisa ni tiempo y nacía un cuerpo de una crisálida en un día caliente de verano entre gemidos de dinosaurios y moría la soledad en los brazos de una flor que deambulaba desnuda sobre cemento abrazada a un esqueleto que una vez fue mío
No conozco tu piel pero apelo a la sensación de tus imágenes mientras un scratch me trae tu olor y dibujo con palabras sordas la sensación de tus carnes, el olor de tus poros, los gestos de tus ojos y cierro los sentidos mientras resiento el paso de los minutos mientras tu ventana virtual está muda y mis palabras abren surcos que se pierden entre tus ojos en un concierto sicodélico como el de un concierto de metal entre sombras y ojos y figuras negras como gárgolas por donde deambula tu mujer y mis ojos te siguen aunque nunca te he visto y de ti solo tenga un nick name y una sonrisa virtual.
Al menos por ahora.
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