Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico 
FIPPR

   

Edgardo López Ferrer. Natural de Toa Baja. Poeta, narrador y ensayista. Pertenece a la generación poética de los años sesenta. Miembro fundador del Grupo Guajana. Ha colaborado en revistas y periódicos del país y del exterior y se ha destacado como investigador y crítico; además ha hecho labor de editor. Ha escrito trabajos de literatura hispanoamericana, española y puertorriqueña. Fue director de la revista académica Cayey.

 

Sus poemas se han incluido en Antología de jóvenes poetas (1965), Poesía nueva puertorriqueña (1971), El soneto hispanoamericano (1984), Antología de la literatura hispánica contemporánea (1985), Hasta el final del fuego (1992), Antología de la literatura hispánica: hacia una nueva conciencia (1995), Flor de lumbre (2004), Literatura puertorriqueña del siglo XX. Antología (2004).

 

Ha publicado dos poemarios: Contrabando (1990) y Cifrado espejo (2005). Cuentos suyos aparecen en Relatos en espiga. Cuentos del Grupo Guajana (2007). Tiene en preparación un amplio estudio titulado El trapecista en el revés del día: La temporalidad obsesiva en la lírica de Eliseo Diego. Tiene cuentos inéditos y un proyecto de novela. Le interesa, además, la cinematografía.

 

Posee un doctorado en Filosofía y Letras. Ha enseñado en Queens College (CUNY), Fordham University, Hunter College (CUNY) y la Universidad de Puerto Rico en Cayey.

 

 

Poemas:

 

El rocío

hoy se pierde

en la lejana

pasión de tu nombre.

 

Apenas

contemplada,

te deshaces

aferrada

al cansado fulgor

de la melancolía.

 

Parecería

que fueras eso

y nada más:

un fugaz estertor

de la mirada

en la doliente pátina

de la memoria.

 

Vieja sabiduría

de la olvidada muerte.

El pasado

no conmueve

a los retratos,

ni alienta a las gardenias

que yacen en las sombras

que habitan las palabras.

 

Soledad

 

Se han ido

poco a poco

la dicha y el sosiego

de los otros.

 

La jadeante

vendimia de los días

se ha instalado

en el reposo.

 

El aire habla

de la primavera,

pero muy sereno

retorna al eco

de la nada.

 

Mientras tanto

los codos,

con su agudeza de siglos,

cantan al esplendor

de las manos

que trabajan.

 

A solas

han quedado

las palabras

sobre la mesa.

 

 

De tu nombre

 

Antigua sangre

corre por tu nombre,

centro de la noche

de tu voz.

Regresas

por la sal perdida

y --  como tibia luz --

el tiempo cauteloso

te rehace.

 

Liberada sombra

atrapada en mi piel,

te auscultas

en el aguafuerte

de mis manos.

Serena y fugaz

reclamas mis palabras,

hechas de muertes

y de olvidos.

 

No sé de mi,

en ti me pierdo.

Y en la llama

de los mares

de mi pecho,

el viento

que te toca

--sin saberlo –

clama en el desierto.

 

 

De ti y el aire

 

La mesa está servida.

Aún las flores

no han olvidado

la pasión del agua

que permanece

clara y transparente.

Los árboles

siguen aferrados

al centro

de la fiesta.

El aire

parece abrevar

mis manos

que huyen

hacia las sombras

de las tuyas.

Las sillas,

inmutables,

siguen en su lugar.

Nada

se interpone

entre los dos.

El espacio

nos crea

y justifica

nuestra nada.

Todo parece estar

en orden.