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Sus poemas se han incluido en Antología de jóvenes poetas (1965), Poesía nueva puertorriqueña (1971), El soneto hispanoamericano (1984), Antología de la literatura hispánica contemporánea (1985), Hasta el final del fuego (1992), Antología de la literatura hispánica: hacia una nueva conciencia (1995), Flor de lumbre (2004), Literatura puertorriqueña del siglo XX. Antología (2004).
Ha publicado dos poemarios: Contrabando (1990) y Cifrado espejo (2005). Cuentos suyos aparecen en Relatos en espiga. Cuentos del Grupo Guajana (2007). Tiene en preparación un amplio estudio titulado El trapecista en el revés del día: La temporalidad obsesiva en la lírica de Eliseo Diego. Tiene cuentos inéditos y un proyecto de novela. Le interesa, además, la cinematografía.
Posee un doctorado en Filosofía y Letras. Ha enseñado en Queens College (CUNY), Fordham University, Hunter College (CUNY) y la Universidad de Puerto Rico en Cayey.
Poemas:
El rocío hoy se pierde en la lejana pasión de tu nombre.
Apenas contemplada, te deshaces aferrada al cansado fulgor de la melancolía.
Parecería que fueras eso y nada más: un fugaz estertor de la mirada en la doliente pátina de la memoria.
Vieja sabiduría de la olvidada muerte. El pasado no conmueve a los retratos, ni alienta a las gardenias que yacen en las sombras que habitan las palabras.
Soledad
Se han ido poco a poco la dicha y el sosiego de los otros.
La jadeante vendimia de los días se ha instalado en el reposo.
El aire habla de la primavera, pero muy sereno retorna al eco de la nada.
Mientras tanto los codos, con su agudeza de siglos, cantan al esplendor de las manos que trabajan.
A solas han quedado las palabras sobre la mesa.
De tu nombre
Antigua sangre corre por tu nombre, centro de la noche de tu voz. Regresas por la sal perdida y -- como tibia luz -- el tiempo cauteloso te rehace.
Liberada sombra atrapada en mi piel, te auscultas en el aguafuerte de mis manos. Serena y fugaz reclamas mis palabras, hechas de muertes y de olvidos.
No sé de mi, en ti me pierdo. Y en la llama de los mares de mi pecho, el viento que te toca --sin saberlo – clama en el desierto.
De ti y el aire
La mesa está servida. Aún las flores no han olvidado la pasión del agua que permanece clara y transparente. Los árboles siguen aferrados al centro de la fiesta. El aire parece abrevar mis manos que huyen hacia las sombras de las tuyas. Las sillas, inmutables, siguen en su lugar. Nada se interpone entre los dos. El espacio nos crea y justifica nuestra nada. Todo parece estar en orden.
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