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Eduardo
Casar,
escritor,
poeta y guionista. Nació en la Ciudad de México el 6 de marzo de 1952.
Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde 1975 es profesor de tiempo
completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde
actualmente imparte algunas asignaturas del plan de estudios de Letras
Hispánicas: Teoría Literaria I, Teoría Literaria III y Literatura
Mexicana del Siglo XX. Desde 1988, también es profesor del Taller de
Composición Literaria de la Escuela de Escritores de la Sociedad General
de Escritores de México (SOGEM).
En 1976 Eduardo Casar recibió el Premio Nacional de Ensayo Literario
José Revueltas por
La producción
literaria de Revueltas en su contexto histórico,
escrito en colaboración con Silvia Durán Payán, Carlos Muciño y Armando
Pereira.
El autor ha publicado cuatro libros de poemas:
Noción de travesía
(1981),
Son cerca de cien
años
(1989),
Caserías
(1993) y
Mar privado
(1994). También escribió algunos cuentos para niños bajo el título
Las aventuras de
Buscoso Busquiento
(1994) y la novela
Amaneceres del
Húsar
(1996).
De 1990 a 1995 Eduardo Casar fue conductor del programa radiofónico
Hacia el filo de
la noche,
producido por Radio Universidad Nacional Autónoma de México.
Casar es autor del guión de la película
Gertrudis
Bocanegra
(Dir. Ernesto Medina Torres, 1991). En cuanto a su experiencia como
guionista el autor nos comentó: “Para escribir el guión de
Gertrudis
acudí a amigos que ya habían escrito para películas, como Alfredo
Joskowicz y su esposa Teresa Velo. Leí muchos guiones, es decir, realicé
mi trabajo de una manera autodidacta. Nunca tomé cursos. Fue mi primer
guión y afortunadamente se filmó. Eso me llena de satisfacción”.
(Entrevista para
Escritores del cine mexicano sonoro,
abril de 2002).
Desde 1995 Eduardo Casar es conductor del programa radiofónico
Voces interiores,
transmitido por Radio Educación. Actualmente, el autor prepara una tesis
de doctorado sobre la utilidad de la filosofía del francés Paul Ricoeur
en crítica y creación literaria.
POEMAS
APRENDIZAJES CON ESCALAS DE AIRE
ATAÚDOS
No duraremos mucho tiempo encerrados
en la caja del tiempo.
Que
alguien le haga unos hoyos a la tapa
para que entre el lenguaje a rescatarnos.
MARGARITTE
Ya se cansó el lenguaje, déjenle
espacio,
déjenlo que se vaya
a soñar con caderas. Que respire el poema,
que se
sirva gargantas desolladas,
manos sobre los ojos,
y la fuente nutricia. Dejen
cuatro metros de gasa
sobre el hombre que sueña.
Ya
debemos callarnos:
Margaritte está escribiendo la muerte de Zenón
y el jardinero toca:
ella sale, conversa, condesciende y asciende,
pregunta por sus hijos (por los del jardinero),
comenta la montaña de las nubes, dice que no
hace frío.
Al
regresar a su escritorio, Zenón sigue muriendo.
EL
VIEJO ESCRITOR
No sé
por qué pero parece
que el escritor quisiera deslizarse:
se le nota en los dedos cuando escribe.
Con la espiral que resulta
de su tan desenvuelto deslizarse
el viejo escritor
nunca alcanza a atraparse.
Deslizarse es una forma
de no quedar atado, siempre una mano
fuera de la ventana, un sector angustiado
de la mano sale fuera del agua.
Pero no pide auxilio y no está saludando,
no señalando cosas extrañas o distantes:
sale afuera del agua, quiere asir
otras cosas más raras.
Salido de madre, los jirones de la ropa
mordidos por la maleta,
girando en torno de un eje que no sabe
si es un eje central, y desplazando al agua
con todo el mundo a cuestas,
siempre lo carga todo,
en su tórax, hundido.
Espiral, caligrafía, silencio, enredadera,
desplazamiento, huída. Patinaje.
Hay más de dos serpientes
que empluman su escritura.
No sé hacia dónde va.
Pero él no sabe cómo se regresa.
PLBR
Palabra: cobra
valor en la oración,
no te hagas,
no te conviertas en una
frase que ya se hizo. Échate
hacia adelante o para,
pero sólo para establecer
cláusulas nuevas
en el contrato entre
tú
y quien te llena
los labios y los labios.
Reinvindica la acción de tu pasión
con todo el movimiento: sé central,
sustantiva, sujeta a ti
todos los adjetivos de modo que te alargues
siempre con disyuntivas.
Palabra: ten palabra:
vive al pie de la letra.
SOPORTE MATERIAL
...y
ya escrito el poema,
ya bien pasado en limpio,
cuando ya eliminamos
borraduras y atajos,
detenerse.
Tomar entre los dedos
una de las esquinas de la hoja
y retirarla suavemente,
al contrario de como se retira
el mantel repentino
sin que las copas caigan.
Hasta que el poema quede
flotando sin papel sobre la mesa.
Entonces hay que abrir la ventana
y que el aire deshaga lo que quiera.
ESCRIBIENDO EN GERUNDIO
Entre
otras cosas
para enriquecerse con los otros, juntos,
al juntar las palabras y formar escaleras y
puentes levadizos
que unan habitaciones desconocidas antes.
Para
transitar por todas las resonancias posibles
y estropear los usos automáticos, buenos,
del lenguaje.
Para
ponerse sombras, y sobras, y redobles
debajo de las tapas craneana y torácica,
encenderse los centros y los flancos.
Para
que la relatividad deje de ser teoría
y se aparezca Hegel en las noches.
Para
perderle el miedo a los disfraces
y a las voces distintas.
Al
escribir el mundo se incorpora
y lo que parecía inorgánico
se organiza y se tensa,
y los sentidos intensifican
los radios de sus arcos perceptivos.
Escribir es también revolverse, entrecruzarse
con los aspavientos
y abrir encrucijadas donde estaba el silencio
enterradito y quieto.
Defenderse de lo definitivo, embriagarse,
ver las fotos de lado.
Es
cobrar importancia y malgastarla.
TRAMAS
EN VEZ DE VERSOS
En
este poema un hombre va
caminando. No se sabe
por dónde entró: ya estaba en movimiento
cuando bajó el poema como una atmósfera,
como un capelo transparente.
Al
llegar al borde del capelo
el hombre choca, choca con él
pero no bruscamente, no le duele:
es más bien una especie
de blanda resistencia en contra de su cara.
El
hombre da la vuelta y sigue
caminando. Gira sobre sí mismo varias veces.
Hasta que se fatiga y se detiene.
Se
sienta en el borde, desconcertado.
Agacha la cabeza, se abraza las rodillas.
Cuando
cierra los ojos
el poema desaparece.
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