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Hanzel Lacayo.
Poeta, narrador, traductor, fotógrafo e Ingeniero
en Calidad Ambiental por la Universidad Centroamericana. Nació en
Managua, Nicaragua, el 12 de Diciembre de 1984.
Desde los 15 años empezó a publicar en las principales revistas y suplementos literarios del país. Ex Miembro de los grupos literarios: “Mayagna” y “Literatosis”. En el 2002 cofundó la revista literaria “Tribal Literario”.
Ha publicado: “Discrepancias” (400 Elefantes, 2001) y “A Contenciones, Conspiraciones…” (Centro Nicaragüense de Escritores, 2007), la cual fue fallada por unanimidad en la convocatoria anual de publicación del Centro Nicaragüense de Escritores. Primer Lugar “I Premio de Poesía Joven en Homenaje a Rubén Darío” por “Número Imaginario”. Primer Lugar “Primer Concurso de Cuento: UCA Literaria” por “Tres Señales”. Parte de su poesía puede ser encontrada en las antologías: “Poetas, pequeños dioses” (Leteo Ediciones, 2006), “Novísimos: poetas nicaragüenses del tercer milenio” (400 Elefantes, 2007), entre otras.
Desde el 2007 es Miembro del Comité Organizador del Festival Internacional de Poesía de Granada, para el cual trabaja activamente en diversas comisiones de traducción y logística. Su nuevo libro “Pequeña Extinción” verá luz a inicios de Junio.
Página web: http://hanzelacayo.blogspot.com Extrusión
Soy extrusivo. No rompo los cuerpos. No amaso sus sesos.
Encorcho su materia bajo el ojo de zoilo que acoge una botella entregada por el mar.
Mi azufre es lento. Sin añadir otra cosa, mi tálamo muerde lo visible. Emiten rudezas delicadas mis carótidas.
Poco a poco, me hago notar: brezo de su prado primaveral tomo por flor mis hojas secas. Tardíamente entiendo lo presupuesto prematuro. Encumbro la espada al caer la nochedad.
Parcial y ligeramente, doy gracia a la picadura letal. Un vestigio de cumplido deber se suma a mis hiedras que, sin recibir órdenes, escalan a diario una pared.
Debajo de mí otro nace, contrabatiéndome. A pesar de todo, pretendo haber estado aquí antes, cuando delante de mí otros anclaron más menesterosos.
Cual Ecce Homo, dando mi vida por otros extinguibles, sin cara, sin redecir palabras ensangrentadas al ceder mis oídos comprensivos al tropel.
Un extenuante calvario de la fe es tener que matarlos sin hacerme ver.
El Hombre y la Flor
A ti ni el aire debería tocarte: flor anhelante de carne humana.
¡Y no hay carne en la flor que pudiera! ¡Ni flor en tu ser-hombre que pudiera!
Por eso te sueña del otro lado de la especie y su idea te reclama al traspasar los extrarradios de tu idea.
No tener asidero más que el brazo fálico de una Helena de entre actos y distante: un escrúpulo de la demencia, aceitando la memoria de la roca que no sucumbe a la disparidad: polvo es para el polvo, detritus, y mi antojo nunca sellará en tus labios el botón inanimado de la rosa.
Ahora sueñas con el mar, pero siempre te revestirá el delirio.
Hay muchas aves sobrevolando esa suplencia que no te deja vivir en paz en ella, porque con ella: ¡no!
Sirena sale para conocer la ciudad
Perfecto cadáver in abstracto,fulgor de fulgores, siempre virgen, sin conmover los corazones de los tritones príncipes, porque parecía más que humana, mujer de escamas erizadas.
Ojo de tiburón acechando a oscuras, partiendo en dos la oscuridad. Persistía en ella un horror disgregativo.
¿Para qué sale la sirena? ¡Sirena sale para conocer la ciudad! Y su reacción es aquella tal cual, si por estupefacción, decidiera arrancar cada una de sus lentejuelas.
La arrodilló el otoño citadino con el desierto gélido de su mirada. Paisaje de las mil y una mujeres no sidas: vitrinas, pilares como cirios, extremidades bajas para recorrer las calzadas, escalar esos paredones que ni un monstruo como ella podría, supuesto animal marino que Borges advirtiera en aquel brutal diccionario.
En su pecho tañe una flacidez marmórea que nutre los arquetipos del extranjero, y no tarda en cubrirse la frente con tul y ungirse de bálsamos, ora sonriente,
ora
demostrada ante los absortos. Se acercó hacia mí, como si yo fuera el único que ella estuviese buscando, y no pude hacer más cosa otra que amarlacon la pesadumbre jubilosacon que acepto a mis enemigos.
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