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El poeta José Luis Vega ha dicho que “Efectos secundarios" confirma a Kattia Chico como una poeta auténtica, rara flor en medio del alboroto, de imaginación arriesgada y controlada, a la vez; con pasión, humor y señorío sobre el lenguaje”.
Blanca deja sus guantes
Blanca dejó sus guantes tumbados en la cama, débiles sustitutos, las manos al revés abandonadas. Y no querían rezar, ni cerrar trato alguno ni formar una letra, ni pedir, ni danzar ni remedar un vuelo o un fantasma o sufrir un calambre; ni siquiera decir adiós querían porque eran dos arañas desquiciadas de tela, su luz me cortó en pedazos como una gargantilla de navajas.
Al rayo me recuerdan sus ramificaciones, a las venas que tienen las muñecas. Alguna vez la túnica de Dios tuvieron enredada, saben de lo imposible entre las palmas y su caricia leve se entretuvo allí donde las alas tuvieron su raíz. Por todo lo que anduvo esa caricia náufraga, si se les mira mucho puede verse un latir como de alveolo; las hogueras lo saben de memoria mas no cuentan. Parecen dos humildes calamares de nata, copas llenas de peces incoloros.
Estos guantes de Blanca no ostentan una marca y no saben de encajes ni de box. Simplemente yacieron tumbados a la orilla de la cama hasta que se agotaron en mi vista.
Memoria me moría
Con palabras aleves memoria me moría. Memoria me acusaba, memoria me acosaba con sus dulces secretos, relámpagos y luces. Lactaba la mentira acogida a su seno.
Memoria me acostaba sobre sus faldas frías, sus faldas que giraban, giraban, que giraban, con sus muy memoriosas arandelas de tules que iban trocando cosas para adquirir más vuelo.
Memoria me hechizaba, me besaba la boca. Vivir entre sus faldas era cuanto quería; enredarme en su pelo telaraña y rocío,
buscar entre sus ruedos un poco de mí misma, este poco que ahora lentamente se agota. De mi cadáver tibio nace limpio el Olvido.
Conjurando a San Juan
Entre las azucenas olvidado San Juan de la Cruz
Anduve por tu noche apartando las estrellas que estorbaban; sin querer me arranqué los ojos. Acunada en el vórtice del vértigo me abandoné y ardí, creí tocar tu fe. Languidez que me das, San Juan, pasión que me das. Ciervo, siervo que espío, apenas un atisbo en retirada, inminencia de ti; gacela malherida, bienherida, frágil repositorio de las ansias. Un celaje que aspiro es tu blanco olor de estela, y cuando estoy más cerca más te alejas. Ambición que me das, San Juan, olvido de azucenas. Si eres un parpadear, un relámpago oscuro, un puñal que se duerme en el abrazo de la herida, ¿qué me dejas? El vértigo se fija, mas la fijeza no. Espejo de un espejo que no puedo mirar, sombra inhábil de luz. Deseo que me das, San Juan, de creer como tú.
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