Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico 
FIPPR

   

 

Leida J. Santiago

P.O. Box 902-2829

San Juan, Puerto Rico 00902

e-mail leidasantiago@hotmail.com

 

Soy natural de Peñuelas, pueblo del sur de Puerto Rico; resido y trabajo en el área de San Juan. Hice mis primeros intentos de escribir cuando era una adolescente, manifestación inspirada ante la inconformidad con algunos aspectos de la sociedad y también por el placer de la contemplación de la naturaleza y las vivencias. He mantenido un ritmo en la escritura que comparto con las obligaciones de rigor, por lo que siempre me falta tiempo para escribir más. Los críticos me cualifican en la generación del 70. Mis pocos trabajos de poesía que han sido publicados se han visto en periódicos, revistas, antologías y en páginas web.

El joven escritor peñolano Juan Carlos Velázquez fue el mecenas que realizó la publicación de mi libro, cuya portada lleva una obra de arte de la pintora ya fallecida Mercedes Quiñones. Titulado Las cosas esta libro mereció el reconocimiento del Instituto de Literatura Puertorriqueña de 1995.

Entre las actividades recientes, participé con la colega poeta y artista Daisy Mora de León en la aventura poética de diverso contenido - un grupo de músicos intérpretes de jazz nos acompañó en las lecturas de poesía, una actriz interpretaba los poemas y la música simultáneamente a través de la expresión del movimiento corporal y una reconocida pianista se hacía eco de la poesía con sus interpretaciones al piano. 

Además de la creación literaria, he realizado entrevistas a diversas personalidades en los campos de las artes plásticas, la literatura y el quehacer cultural, algunas de las que han sido publicadas en revistas locales. Pocos cuentos de mi autoría han sido publicados, quizás uno o dos. Poseo los cursos de Maestría en Literatura Puertorriqueña y del Caribe, y próximamente comenzaré la investigación para la elaboración de la tesis de maestría.

Para leer sobre mi obra pueden referirse al artículo “Lo femenino” en el periódico El Vocero/Telón Abierto del  21 de marzo de 1996, de la autoría del dramaturgo puertorriqueño Roberto Ramos Perea. También en  Literatura puertorriqueña: su proceso en el tiempo, Ediciones Partenón, Madrid, 1983, de la historiadora Josefina Rivera de Álvarez.

Para esta ocasión incluyo tres poemas del libro inédito Sombra del fuego: Soles de julio, La ciudad y Ciudad obsesionada que descansa. L. Santiago

 

 

Soles de julio

 

Prefiero andar la mañana de cabellos largos

recordando el origen nómada del ser.

El ser céntrico lo advierto en alta mar

y en la tormenta verde y roja de los ríos

en su marea de montes, quebradas y pinos.

La presencia se convierte en anillo

mariposa nocturna de mi frente.

Crece el deseo de tu sonido

de los regresos bajo los soles de julio

armonía que nos ata a sitios

evocada memoria

en la última extensión

de los recuerdos.

 

 

Ciuda obsesionada que descansa

 

Duerme taciturna la ciudad

Bajo la ancha luna

el viento mece los restos de calor

Zumban inquietos los insectos.

El taxi desvelado corta el aire de la calle

su luz deja una estela.

La ciudad cansada de calor

medio encendida duerme, descolorida

bajo la inmensa nube cosida

a la luna. No pasa

duerme plañidera una eternidad.

Un hombre camina a paso lento

creyendo que la calle es suya

Seguro de su sino

ni lo aplaza ni lo apura.

No usan las mujeres la avenida,

rótulos, edificios, moles acribilladas

una risa medio grito de la noche.

Permanece la luna, pálida y cíclica

solo una estrella desea brillar.

 

 

La ciudad

 

Tengo la última sombra de tus labios negros

tus negras uñas de betún, tus manos blancas

tu profundo olor sobre mi pecho.

El opaco escudo en tu garganta

tu manchada risa, tus gastados pies

la mirada de tus ojos.

Viajas conmigo en el recuerdo frío

del polvo sometido de la calle endurecida

en la brisa que eleva la hoja lejos

en el gozo de la sábana planchada

al ritmo de los dedos de la lluvia,

en la cara del paisaje citadino

que parece una ilusión.

Viajas conmigo en el recuerdo frío

de la línea de mi brazo

en el paisaje que bordea la laguna

a un paso de mi casa;

allí donde florezco cada día

como opaco trueno silencioso.