Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico 
FIPPR

   

 

Luis Gilberto Caraballo

 

Nació en Caracas, Venezuela,15/09 del 1962. Desde hace 20 años escribe poesías. Publicó poemas en distintas revistas literarias y sitios Web literarios. 1er lugar en el Premio Internacional de Poesía, Sao Paulo,2004, Brasil. Idiosincrasias -poema Versos de Sangre. 2do Lugar en el XIV Concurso Internacional de Poesía en Brasil, Agreste Utopía, 2004. Primer premio XXV Congreso Mundial de Poetas, 2005 Los Ángeles, California. Primera accésit. Concurso internacional de cuento breve y poesía SADE/Córdoba Argentina-2005. Posee cinco poemarios inéditos: Espiral del mar, 1999; Moradas y Templos, 2004, El árbol de las casas vacías, Encuentro con el Sur 2005, Los caminos del tiempo (2005). Pertenece a Poetas del Mundo 2005, Unión Hispanoamericana de Escritores (2005), MIM (Movimiento Internacional de Metapoesía).

Fue nombrado, recientemente, embajador por Venezuela del movimiento Poetas del Mundo.

 

Rapto de Paz

Ahí están
los jardines de los algodonales,
y su tierra fértil, azul ebria,
serenos, suspendidos, sin raíces.
a la espera de la brisa fría.
Los veo en el techo, gravitando
la bóveda de los ángeles libres, del duende incierto.
Quisiera abrirla, de versos, abrirla,
volcarla más allá,
para partir a la estrella blanca;
pero están inmóviles,
tratando de decirme con su quietud;
en el observatorio solitario de madera
con la música del clavicordio; invitarme
a su comunión.
Y es que no sé dejar de verlos intactos,
tatuados en el horizonte virgen.
Cuando trato de buscar el silencio,
en el camino de la piedra filosa,
de la despedida.
Aquel de sombras agudas con picos zurcidos de gris.
Su música comulga, me deja proseguir en un vahío triste.
Y ahí están suspendidos,
los algodonales con sus alas blancas,
elevados con las dos cruces;
la de hierro, iniciada de libertad.
la de madera, incendiada de adentro,
desde la piel amiga,
que enceguece, agoniza.
Con el velo blanco de la mañana,
y mis manos enjutas, dentro de los bolsillos cálidos,
como unas flores de sal,
y un pañuelo húmedo por el aroma del adiós.
Y llegará el momento en que la brisa, anuncie, el camino de la ida.
Entrará abriéndolo en la bóveda del algodonal sereno,
las alas blancas alzarán su vuelo.
Irán a su morada,
a un destino incierto, a una cima verde.
Ahí estarán,
colgados de la palabra, en la piedra,
ahí dejaré los pétalos de sal,
el pañuelo húmedo.

 

Notas del tiempo en que vivo

 

He llegado hasta los huesos

a oler el infame aliento

la noche transversa del insomnio

a corromper el hábito del canto

a disipar la muralla de rostros magistrales

 

Solo eso me ha llevado a inquietar el pulso,

la rosa que calla con su perfume

al viento en su entelequia del mundo.

Sí solo eso me conmueve en la búsqueda.

He tenido a la noche cabizbaja

debajo de mi sombra y una pesadez en el cuello

con sus bisagras del tiempo

entre palabras silenciosas intentando asirme.

Y ahí había un túnel de hielo

y un amor elaborando lactancias

que se hizo con el ordeño

entre lo que dejo el invierno de tus ojos

y lo que quedaba entre verdades y recuerdos

del día en que me mirabas

 

como un halcón posando con sus garras

sobre el árbol de los grises,

pintaba un lienzo

de viajes y una vejez apresurada.

 

He dejado su pico y garras

como jarrones de polvos

en la gruta,

una prisión longeva y reseca sin luz

que me ha hecho leer los libros crueles

de la vanidad, la silente emboscada del alma

Los fragmentos

de mi origen

 

Y alguna vez fui un eco

y una cantidad de refracciones

de palabras.

Alguna, entre tantas quedo una membrana

resonando dormida en su crepúsculo;

de la que ha hecho el rostro

lo ha urdido de nuevo.

Y aun no había terminado

de leerme los libros

cuando ya estaba

cerca

goteando el aroma.

 

y aun quisiera como tú,

pero es así,

como el día cercano,

y ahora ya es la noche de decir

que era necesario,

 traerlo en la memoria oculta

en su sinuosidad de luz abisal;

alguna escritura de agua bajo la piel,

en el manantial de luciérnagas olvidadas

La noche nos agrede y busca con su oscuro rostro

como el cuervo desea

cerrar su instinto