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Orlando Planchart Márquez, Puerto la Cruz, Venezuela. Realizó estudios de Maestría y Doctorado de Matemáticas Educativa en el Instituto Politécnico Nacional de México. Actualmente se desempeña como profesor de matemáticas de la Universidad Interamericana de Ponce. Participó como miembro del equipo editorial de la Revista literaria A Propósito (Ponce- Puerto Rico, 1990-1997), donde también publicó varios de sus poemas. Ha publicado el poemario Alucinaciones paralelas ( ) Su poemario inédito, El beso de los erizos, se encuentra en imprenta. Ha participado en múltiples recitales poéticos. Obtuvo una Mención de Honor en el Certamen de la Revista Mairena ( ). Reside en Ponce.
El beso de los erizos (inédito) Orlando Planchart Márquez
El beso de los erizos
En este beso se acomodaron las dos bocas, instintivamente se acomodan una a la otra y la otra a las mil bocas.
Los labios se vuelven diagonales para no interferir en el beso, que el beso fluya y no pierda espacio de tu boca ni de mi boca.
Un movimiento circular toma cuerpo y hace fuerza en el cuerpo contrario, éste, se recupera y vuelve a que lo hagan y deshagan.
La noción del tiempo se pierde y el espacio boca insiste. Es un largo beso.
La inquietud del círculo
Son tantos los huracanes que bordean nuestras coordenadas unos, con ojos que nos miran directamente otros, sin ojos que nos atraviesen. Siempre están cerca inquietos, impertinentes, sus círculos pretenden encerrar lo más seguro que tenemos: el círculo vicioso de la vida.
Nos encontramos con nuestras transparencias, la nuestra y las de los otros estamos ante el espejo infinito de Borges, en la puerta del horno de Vallejo, donde muchos panes se queman en la cordillera donde se desliza la palabra de Neruda, en el ritmo caribeño que se acaricia en la poética de Palés.
Añadimos cantos y hojas verdes a nuestras vidas que luego se secan y pasan a ser presas del viento y parte del murmullo que crean ese círculo.
Enigma
¿Son culpables los molinos de viento de la locura o en la locura se encienden los molinos de viento? Cárcel
Es que tus piernas desglosan mis ideas del amor.
Es que las noches de insomnios maduran los sentidos y los sentimientos.
Es que tu flor despierta nieva y nieva dentro de tanto calor.
Es que el libro que leíamos se cayó de la cama y el estruendo de los personajes sacudieron lo animal y ya no somos libres.
Domingo
En tu sueño dibujas variadas sonrisas es hora de misa y en tu sueño, suave entro, allí soy tu dueño de tu cuerpo en reposo, tu cuerpo de las diez.
Mar
Oscurece y la sábana sigue pendiente sin decir una palabra de tu cuerpo analfabeto.
Una boca sublime aparece insólita entra una langosta y los erizos de siempre. Es que las miradas acariciaron a escondidas los pies sin quitar las manos de la espina dorsal.
Dimensiones
De ultimar tanto al último mar naufragué con medio cuerpo y no hubo deriva a dónde pudiera ir, me encontré sólo sin mi adagio ni las bridas de un caballo que no tengo, me resigno y persigno como un delirio del ser, miro hacia mis afueras no encuentro la oscuridad que me da la luz, desabotono mi vida.
El libro de tu cuerpo
Me gustó escribir en las páginas que abrían tu cuerpo, un cuerpo para ser leído en cualquier noche desmedida de una calle arbitraria, en una ciudad de tanta gente, donde nos imaginamos solos.
Me entretuve en las mayúsculas de tu cuerpo, suspiré tus acentos como cualquier letrado infame, tus puntos y seguido me aturdieron en las noches agudas la h siempre muda, insistente en la punta de mi lengua. Con mi lengua hice jeroglíficos en tu pecho y mis manos volaron como abejas en busca de los panales, miel esencia marina.
Con nostalgia de la última lectura quise volver a ese cuerpo no lo encontré, el libro se me extravió, si alguien lo encuentra no lo regrese, es suyo.
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