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Pedro Amador Llorens.
Poeta y narrador hatillano perteneceinte a la generación del sesenta.
Tiene a su haber siete poemarios, cinco novelas, un libro de cuentos y
varios guiones para películas. Ha participado en múltiples congresos
internacionales en República Dominicana, Cuba y Puerto Rico. Su obra
literaria le ha merecido reconocimientos en instituciones
universitarias. En el transcurso del año (2008) la Editorial Tanamá
habrá de publicar su octavo poemario -El Karma del Ansia-.
Una Gota
Una gota iba cayendo en el vacío crudo de la tierra lacerada. Una gota va llenando el calabozo del ansia. Es el acuífero llanto milenario del instinto. La paradoja irredenta de nuestra multitud sola hundiéndose gota a gota. Una gota sedienta ha marcado el camino que hace el cuentagotas con su exacta matemática. Una simple gota es testigo de la inmensidad profunda del océano. Sólo falta una gota para que se inunde toda la arcilla. Y la muerte se moja hasta el fin dentro de una gota.
Hállame
Hállame en el recodo de tus ansias, dentro de la noche dormida donde escondiste tus mimos sembrados en tu aliento, donde se reparte la pasión dentro de las caricias imantadas. Hállame en el pulso del latido, en las horas quedas del insomnio, donde se tejen los besos por hacer. Hállame dentro del castillo azul de tus sueños sumidas en la frase sensual de las fibras de tus labios. Hállame dentro de de la cita que dictan tus impulsos. hállame nel a tarde prometida de tu entrega, o en la perfumada mirada de tus ojos cuando ríes sorprendida de deseo. Hállame por fin, para encontranos los dos en medio de la desnudez de nuestros cuerpos en desuso. ¡Te espero, Hállame!
El Silencio
Sobre el cisne negro de la noche escarlata va el ser buscando la oscuridad de los silencios. La noche está dispersa hecha de erosiones fulgurantes que invaden los camerinos de las criptas olvidadas de occidente. Es el alma transparente donde permanecen dormidos los sueños fantasmales de los almanaques muertos. Son las fechas sin tiempo de las manecillas sin tictac que el péndulo aborta en su noche de tinieblas llena de soledad y de eterno silencio de la nada.
Hasta los cielos (A Yemayá)
Te vi volar sobre la espuma del océano bravío, entrelazando sargazos oxidados que se perdían en la lontananza de la playa solitaria. Te vi volar en sueños sumándote al salitre, como un duende, oxidao al hierro de las venas que fluían en la sangre. Te vi ondear tu silueta sobre la marea azul. Tu cuerpo nadaba desnudo adornado de burbujas meciéndose entre las olas. Tus labios eran dos algas rojas. Tu voz de coral recitaba el poema al unísono del caracol en su canción absoluta del mar. No eras otra que Yemayá Diosa y poeta africana hecha cubana. Te vi volar encima de tu sombra. Entre palomas y gaviotas. Tu beso se hizo lluvia, tus dedos eran de sal y tu cuerpo siguió hasta los cielos. Tus ojos buscaban desde la altura las aguas puras del océano profundo para hacer tu hechizo de agua sobre todos los mares del planeta humano. Tu voz de diosa hechicera hizo resurgir la Atlántida perdida y el grito de los tiempos exclamó: ¡Hágase la tierra y los mares! y se hizo la tierra y el mar desde el principio. ¡Cómo en un encanto! El cuerpo de Yemayá salió seco de sus aguas, con su traje de sargazo, lleno de nítidas escamas y bella colirubia. Tomó la playa por suya con su séquito de hechiceras. Ejecutando su hechizo de agua, hizo su libación de rigor, en un grito esplendoroso y bello de negritud antillana.
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