Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico 
FIPPR

   

Pedro Juan Ávila Justiniano (Manatí, Puerto Rico- 1941) conoció desde muy joven su vocación poética. Tal vez la descubrió husmeando en los quehaceres literarios de su padre, un modesto maestro rural, quien también cultivó el género poético. Alrededor de la mesa  de cenar, que también era el escritorio en que aquel preceptor preparaba sus lecciones y donde se hablaba de música, de La Biblia y, por supuesto, de literatura, rondaba Pedro Juan con admiración y reverencia. Desde entonces empezó a privilegiar la palabra, a regustar de ella en las canciones que desde aun antes de leer conocía de memoria y en los poemas que decían con gran emoción sus padres y maestros.

 

En la Universidad de Puerto Rico mientras completaba sus estudios en literartura y teatro se relacionó con obras de los grandes clásicos de la poesía hispánica   y y profundizó en la búsqueda y el deleite que proporciona jugar con sustantivos, verbos y adjetivos. Supo que el lenguaje es mucho más que comunicación: unas veces nos descubre; otras, nos permite ocultarnos detrás del símbolo y de la imagen. Escribía y destruía, hasta que un día decidió publicar su primer poemario Para espigar mi poesía.

 

Su febril inclinación encontró un aliado en las múltiples lecturas,  en su amistad y relación con excelentes creadores, entre los que valora muy especialmente al eximio poeta Manuel Joglar Cacho. Consciente de haber alcanzado madurez poética  publica su segundo libro de poesía La noche desvelada, al que muy justamente el Instituto de Literatura Puertorriqueña reconoció con una Mención de Honor como una de las mejores obras publicadas en el 2003. Ese estímulo, junto a los elogios de reconocidos críticos y conocedores de la literatura, así como su constante ebullición creadora generan la entrega de su tercer poemario, Temblor acorralado en donde nuestro poeta da muestras del dominio del género lírico.

 

En esta entrega, Pedro Juan Ávila Justiniano, fiel a las hondas inquietudes de los poetas de su generación, la del 60, nos presenta un haz de poemas de temas sociales con imágenes ágiles, muchas de ellas sorprendentes, con un lenguaje de impresionante originalidad. Recientemente este poeta nos hace entrega de su cuarto poemario La huella sobre el tiempo, su cristología, su visión poética de la figura de Jesús de Nazareth. Trabaja actualmente en su quinto poemario que espera ver la luz este año.

 

Ávila Justiniano es, además, autor de las siguientes obras dramáticas que ha dirigido y representado con éxito en varias salas de su país: Entre miserias vuelan los sueños, Hay un grito en mis huellas, Asedio delirante, La memoria del olvido y  El rastro del delirio, entre otras. Estas serán publicadas próximamente. Tanto muestras de su poesía como de su teatro figuran en algunas revistas y antologías. Nuestro poeta, quien se desempeña como profesor de lengua y literatura en American University de Puerto Rico, ha recibido algunas distinciones y reconocimientos entre los que se encuentran:

 

Homenaje de los Centros Culturales del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Reconocimiento del Ateneo Puertorriqueño como exponente de la nueva dramaturgia, Mención de Honor del Ateneo de Ponce, Premio al Mérito en Letras del Fondo para el Financiamiento para el Quehacer Cultural del Instituto de Cultura Puertorriqueña y Mención de Honor del Instituto de Literatura Puertorriqueña.