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Taty Hernández Durán.
La escritora dominicana Taty Hernández Durán publicó en 2003 su poemario
Temblor de la espera, del cual ofrecemos hoy algunos textos. Sobre este
libro, que muestra la delicada pluma de Hernández Durán, la presentadora
Teonilda Madera escribió: "La identidad literaria de la poeta se yergue
desde un estado de conciencia alterado por las emociones provocadas por
los grandes temas universales; el amor, el desamor, la vida, la muerte,
la naturaleza, los mitos y leyendas enmarcados en un ambiente enigmático
y misterioso".
Mujeres-pájaros
Nos conjuga el eterno devenir de los segundos, confinadas, rememorando otras huellas.
Buscando las sendas de las que corren y vuelan, de las que vendrán.
Mujeres-pájaros, no hay motores en nuestras alas, sólo voz en nuestras plumas. Voces de los inicios, voces de arena, voces de ríos que perecen en el mar.
Nuestras manos esculpen quehaceres de puertas nunca cerradas.
Nuestros vientres enjaulan semillas fabricantes de caminos.
No abundan los relojes, ni las campanas, ni los rieles tan sólo el vacío del tornado en el desierto.
No hay rejuegos de las balas al acecho, ni facultos caminantes en los senderos.
Tan sólo tu yo y mi yo, nuestro yo, vigilantes.
Caminata de otoño
Hojas doradas, de entretiempo neoyorquino; nubes de flama, la brisa trenzando sueños.
Del corral, una cesta de alelíes, azucenas, lirios, calas y albahaca, esencia de otro equinoccio sin final.
Pasos mudos, trayecto sin invierno, carcajadas de duendes que trotan hacia el sol.
Plegaria
Recógeme, dios de mis laberintos. Duerme en la aurora de mis quebradas.
En mágica vigilia el vino rodará hasta el pozo de mi vientre y serás el verbo de mis deseos.
Como magnolia flotaré en tus pupilas. Un estribillo rozará tu sueño.
En la locura de mis cuevas encenderé cocuyos para iluminar tu partida y despertarás en mi voz.
Así sea.
Suicidio de estrellas
Dolores de ausencia, sombras abismales, piel a piel, nomeolvides en el búcaro.
Corpórea similitud, en diferencias de pétalos que duermen en un mismo suelo.
Cristales sangrantes, en mísera tonada, lánguida, como los pentagramas del Sur.
Ángeles rilkeanos de corazón lisonjero, solapados en palabras, abortan un renacer.
Eclipses en conjura, suicidio de estrellas.
No hay rasgueos, no hay sonatas, ha estallado la razón.
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